Cuando el cine es para todos: la accesibilidad y el futuro del sector audiovisual brasileño

Inspirado en este artículo de Poder360

Brasil llega a 2025 con un hito histórico: 3.532 salas de cine en funcionamiento, el mayor número de salas de su historia. Este avance no se traduce solo en cifras, sino en un compromiso renovado con la inclusión y la ciudadanía.

Gracias a las políticas públicas, las líneas de crédito del Fondo Sectorial Audiovisual (FSA) y la normativa de la Ancine, la red de salas de cine se ha ampliado, modernizado y ha llegado a ciudades que nunca antes habían contado con cines. En solo cuatro años, se han abierto 171 nuevas salas y se han renovado 85, muchas de ellas con plena accesibilidad desde su inauguración, lo que refleja directamente la Ley Brasileña de Inclusión (13.146/2015).

Anuncio digital con un fondo de una sala de cine llena de espectadores. A la derecha, sobre un fondo blanco, aparece el título:

La accesibilidad como práctica cotidiana

Si antes la inclusión parecía un reto normativo, hoy es una realidad consolidada. Desde 2023, todas las salas del país deben ofrecer recursos como audiodescripción, subtítulos descriptivos y lengua de signos brasileña (Libras). En 2025, ya se han registrado más de 123 000 descargas de estos recursos, lo que indica que el público no solo los utiliza, sino que los reconoce como parte fundamental de la experiencia cultural.

Esta iniciativa fue impulsada por la Instrucción Normativa 165/2022 de la Ancine, elaborada en colaboración con entidades de la sociedad civil, productores e instituciones como el Instituto Benjamin Constant, el Ines, la ONCB y la Feneis. El diálogo con los usuarios puso de manifiesto una serie de retos y preferencias —desde la elección entre lengua de signos brasileña (Libras) y subtítulos hasta la calidad de la audiodescripción—, lo que ha servido de guía para la mejora continua de la tecnología.


Impacto social y cultural

Las cifras hablan por sí solas: la audiencia del cine brasileño se ha más que duplicado en dos años, pasando de 3,7 millones de espectadores en 2023 a 8,7 millones a mediados de 2025. Solo este año, se han proyectado 186 películas nacionales con recursos inclusivos, lo que supone un aumento del 23 % con respecto a 2024.

Este crecimiento demuestra que la inclusión no solo es un derecho garantizado, sino también un motor de expansión cultural. Cuantas más personas participan, más historias circulan y más identidades se reconocen ante la pantalla.


El siguiente paso

A pesar de los avances, el país aún tiene por delante un reto: convertir esta experiencia en una política de Estado duradera. Los objetivos para 2027 incluyen ampliar las sesiones inclusivas a otras 10 capitales, alcanzar las 150 000 descargas anuales de recursos de accesibilidad y reforzar la coordinación entre cultura, educación, tecnología y derechos humanos.


El cine como ejercicio de ciudadanía

El cine brasileño se erige, más que nunca, como un espacio de encuentro, diversidad y pertenencia. La inclusión ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad. Lo que vemos hoy es fruto de la planificación, la participación social y la corresponsabilidad institucional.

Garantizar el pleno acceso a la cultura no consiste solo en aumentar la recaudación en taquilla, sino también en construir un país más justo dentro de las salas oscuras y ante la luz de la pantalla.

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